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Virus Andes: por qué preocupa su alta letalidad y su inusual transmisión entre personas

En la actualidad, tres personas han muerto y otras tres permanecen enfermas a bordo del crucero polar MV Hondius, donde la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó un brote de hantavirus.

El buque, operado por la empresa neerlandesa Oceanwide Expeditions, zarpó el 20 de marzo desde Ushuaia con escala en la Antártida y las islas Georgias del Sur, encontrándose ahora anclado frente a Cabo Verde sin poder desembarcar a sus 170 pasajeros y 71 tripulantes. La especie viral sospechosa corresponde al virus Andes, el único hantavirus con capacidad documentada de transmisión entre personas y una letalidad cercana al 38% en pacientes con síndrome cardiopulmonar.

Para la Dra. Nicole Tischler, investigadora principal del Centro Ciencia & Vida (FCV-USS) y presidenta de la Sociedad Internacional de Hantavirus, el origen del brote apunta a contagios previos al embarque. “Basado en los síntomas y la elevada letalidad, es muy probable que el hantavirus en ese crucero sea realmente un virus endémico de nuestra región y, probablemente, haya sido contraído por un viajero que recorrió Argentina o Chile previo a embarcar en el crucero, dado que el barco zarpó 3 semanas antes desde Ushuaia donde no existen casos reportados por hantavirus”, señala la investigadora.

El primer fallecido fue un hombre de 70 años que murió a bordo; su esposa, de 69 años, fue evacuada a Johannesburgo, donde también falleció. Una tercera víctima fue confirmada posteriormente. Un ciudadano británico permanecía en estado crítico como único caso confirmado de laboratorio, y dos tripulantes requerían atención médica urgente. Cabo Verde negó el atraque invocando el Reglamento Sanitario Internacional, los Países Bajos acordaron repatriar a los enfermos.

El Ministerio de Salud de Tierra del Fuego descartó nexo epidemiológico con la provincia de Ushuaia, señalando que no es zona endémica y que no había casos locales registrados. Argentina vivía desde comienzos de 2026 una alerta sanitaria por hantavirus, con aumento de casos en la región cordillerana de Neuquén, Río Negro y Chubut, zonas que varios pasajeros del crucero podrían haber visitado antes de embarcar. La OMS investiga la secuenciación de la cepa para determinar el origen del contagio y activó los protocolos de evacuación para los pasajeros.

La cepa más letal y la única con transmisión entre personas

El hantavirus es una familia que incluye decenas de cepas distribuidas en todos los continentes, pero ninguna combina los dos factores que distinguen al virus Andes: alta letalidad y la posibilidad de transmisión directa entre personas. “La letalidad de los hantavirus endémicos en América es de alrededor del 30%. Hay muchos hantavirus en el mundo, pero solo los de América alcanzan este nivel de letalidad”, señala Tischler, investigadora principal del Centro Anid Ciencia & Vida y también académica de la Universidad San Sebastián.

A diferencia de otros hantavirus, que solo se transmiten por contacto con roedores infectados o sus excrementos, el virus Andes puede contagiarse entre humanos en situaciones de contacto estrecho. Este rasgo lo coloca en la lista de la OMS de patógenos con potencial pandémico. “En casos de contactos estrechos puede haber transmisión de persona a persona y es por eso que la preocupación mundial ha puesto un ojo en esta especie viral”, explica la investigadora.

El período de incubación, de entre una y seis semanas, explica por qué personas infectadas en tierra pueden desarrollar síntomas semanas después de haber subido a bordo, lo que dificulta rastrear el contagio en entornos como un crucero. La enfermedad evoluciona en dos fases: la primera simula una gripe intensa; la segunda puede derivar en síndrome cardiopulmonar agudo. No existe tratamiento efectivo aprobado y la letalidad en esa segunda fase alcanza el 38%.

La vacuna chilena candidata

El laboratorio de Virología Molecular liderado por Tischler en el Centro Ciencia & Vida, de la Fundación Ciencia & Vida y la Universidad San Sebastián, está desarrollando con financiamiento de la ANID una vacuna cuya fase preclínica está en curso. En paralelo, junto al Dr. Alejandro Rojas de la Universidad Austral, conduce el proyecto de nanoanticuerpos derivados de alpacas, que ha aislado más de 120 moléculas con alta capacidad neutralizante y cuenta con su primera solicitud de patente. “In vitro son de los mejores productos comparado con los que hay publicados”, sostiene la investigadora.

El problema no es científico sino productivo. Para pasar de un candidato preclínico a un producto apto para ensayos en humanos se requiere manufactura bajo normas GMP, en instalaciones certificadas de alta limpieza y control. Chile no cuenta con esa infraestructura. “No producimos hoy en día productos biotecnológicos bajo esa norma GMP. No existen, y al menos no están certificados para ello”, señala Tischler. Esta carencia obliga a buscar alianzas con laboratorios en Australia, Argentina y Brasil, países que sí disponen de esa capacidad.

Los ensayos clínicos presentan una dificultad adicional: se requieren laboratorios de biocontención de nivel 4, de los que existen apenas tres o cuatro en el mundo especializados en hantavirus. Chile no posee ninguno. “Son laboratorios muy controlados, de bajo riesgo, pero son muy caros de mantener”, describe la investigadora, cuyo equipo trabaja con alianzas en Estados Unidos para cubrir esa etapa.

“No es negocio invertir en una enfermedad tan rara”

La principal barrera es financiera. Las farmacéuticas no invierten en enfermedades que afectan a poblaciones reducidas. “Para las farmacéuticas no es rentable invertir en una enfermedad tan rara como los hantavirus”, explica Tischler, quien ha trabajado con equipos de Chile, Argentina y Brasil para sensibilizar a los Estados de la región. Los estudios preclínicos de los candidatos chilenos están en ejecución o completados. “Se podría, con esta inversión, llegar a la clínica”, afirma.

La pandemia de COVID-19 demostró que los plazos pueden comprimirse con recursos y agilización de la normativa regulatoria. Una vacuna tarda normalmente entre cinco y diez años durante los estudios clínicos en humanos; en 2020, con financiamiento extraordinario y estudios clínicos en paralelo, ese plazo se redujo a un año. En el caso del virus Andes, el punto de partida es sólido: hay candidatos, hay resultados y hay alianzas. Lo que no hay es el financiamiento para la siguiente etapa.

Tischler apunta a una contradicción de fondo: mientras se discuten recortes a los instrumentos de la ANID, Chile alberga en sus laboratorios lo que podría convertirse en la única respuesta preventiva disponible contra uno de los patógenos con mayor potencial pandémico en la región. “Chile, si hacen las inversiones correctamente, tiene la posibilidad de tener quizás la única vacuna para uno de los virus más letales complejos que hay en el mundo y quizás el único tratamiento también”, concluye la investigadora principal del Centro Ciencia & Vida.

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